sábado, 27 de noviembre de 2010

Después de la tormenta

Llega la calma. Una calma nerviosa, inquieta y diferente.
Una calma para demostrar, al resto y a una misma.
Una calma oportunista, una calma esperanzadora, una calma terriblemente temida.

viernes, 1 de octubre de 2010

Una mañana cualquiera

Me fui al centro. Hacía frío, pero no demasiado. Llevaba una chaqueta de punto gris. El pelo ondulado. Y estaba un poco enfadada.
Llegábamos tarde. Nos esperaban en la agencia.
El camino fue curioso. Lleno de coincidencias, confidencias y sorpresas. Había más sorpresa que otra cosa. Empezaba a subir la tensión. Y ya nunca se fue.

El camino

Hay muchas formas de llegar a un sitio. A veces elegimos por dónde queremos llegar, otras veces simplemente se nos pone el semáforo en rojo y decidimos seguir por la misma acera hasta poder cruzar más adelante.
Quizá por este camino me encuentre más gente a la que esquivar, más escaparates para mirar, alguna que otra obra... quizá no me guste tanto como el otro camino pero ya estoy en él, así que no me queda otra que caminar hacia delante y llegar al final tan pronto como pueda.
Mientras me fijaré en la gente que esquivo, me entretendré con los escaparates e intentaré pensar que las obras son por el bien de la comunidad.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La p moneda

Y es que para una vez que dejo en manos del destino mi suerte me falla. Así no hay manera. Lo hago racionalmente: me equivoco. Lo hago al azar: me equivoco. Estoy cansada.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Destino 2 - Miriam 0

Llegó el día para el que tanto me había mentalizado y... sonó el teléfono. Y me dijeron lo que tanto tiempo esperé que me dijeran. Y en lugar de saltar de alegría empecé a dudar.
De ahora en adelante no tomaré más decisiones complicadas, en parte por una moneda que ahora llevo encima, en parte porque después de todo parece que alguien tiene un plan para mí. Títeres del destino.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Para casi todo

Hay cosas para las que no te puedes preparar. Por mucho que lo intentes.
Te puedes pasar una semana intentando explicar a un niño de tres años que ya no le irás a buscar al cole, que no le verás por las tardes, que no iremos cada domingo a la piscina y que cuando se ponga malito no se quedará con la tieta... para que al final, cuando llega el momento de la confirmación de la comprensión te suelte un "per la tarda aniré amb la iaia i el iaio a buscar-te a la feina de Madrid".
Y claro, se te hace un nudo en la garganta y piensas lo mucho que le vas a echar de menos y todo lo que te vas a perder.

martes, 3 de agosto de 2010

Preparada para lo inimaginable y para todo lo demás también

Dicho y hecho. Hace pocas semanas me lancé a la piscina.
Es cuestión se saltar o no saltar me dijeron. Salté.
Y ahora estoy mirando todo lo que he salpicado por Madrid.