Hay cosas para las que no te puedes preparar. Por mucho que lo intentes.
Te puedes pasar una semana intentando explicar a un niño de tres años que ya no le irás a buscar al cole, que no le verás por las tardes, que no iremos cada domingo a la piscina y que cuando se ponga malito no se quedará con la tieta... para que al final, cuando llega el momento de la confirmación de la comprensión te suelte un "per la tarda aniré amb la iaia i el iaio a buscar-te a la feina de Madrid".
Y claro, se te hace un nudo en la garganta y piensas lo mucho que le vas a echar de menos y todo lo que te vas a perder.
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