Un día normal, si nada en especial en el que me pasaré la tarde con el que ahora ocupa el título de hombre de mi vida, aunque todavía no es hombre, nadando, jugando y comiendo polos. Qué más se puede pedir. Mucho más, pero esto compensa todo lo demás.
Qué más da el trabajo, que más da el dinero, cuando haces feliz a un niño con 40 céntimos en su hucha nueva.